Un día a la vez

Quería hacer una reflexión de lo que significó el 2022 para mi, pero se me terminó el día antes de lo que pensaba. Por ello estoy el primero de enero teniendo ese cierre, un agradecimiento y la mejor forma de comenzar el año, que es escribiendo.

2022 me permitió un montón de cosas que hacía muchos años no tenía oportunidad. En primera y lo más importante, compartir con mis personas, con las de toda la vida. Hacía mucho tiempo que no tenía la suerte de compartir con mis personas más queridas más seguido o con tanta frecuencia. Vivir lejos de mi país me dio muchos buenos momentos y aprendizajes, pero me quitó tiempo a lado de la gente que tanto quiero. Fue el costo que tuve que pagar para seguir preparándome profesionalmente. En muchas de esas ocasiones que estuve fuera, sentía que cada momento que pasara aquí tenía que ser perfecto y maravilloso. Creo que es bueno recordar que uno está aquí hoy y mañana no sabemos, y por eso está increíble aprovechar cada momento con la gente que quieres. Si no les recuerdas seguido que son importantes, te invito a decírselos. Hace una gran diferencia.

Este año también me permitió encontrar otro mundo nuevo. En ese mundo nuevo, la nueva ciudad en la que vivo, he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas maravillosas que han llegado a sumar. Ha sido un reto, sin duda, pero he tenido grandes sorpresas, muchas bellas personas en esta latitud y grandes momentos. Agradezco a todas esas personas que quisieron ser hospitalarios con la morra que venía de otro lugar y me mostraron un pedacito de su vida, de la ciudad, de sus rutinas. Una de las cosas que nos caracteriza como mexicanos es precisamente eso: somos los mejores dando la bienvenida, arropando, abrazando. Me decía un primo hace poco que muchos expats se quedan en el país por eso, y es total verdad. En este tiempo he hecho muchas cosas por primera vez en esta nueva ciudad que me recibe, y es gracias a personas que han tenido el corazón abierto para invitarme al relajo. Gracias a cada una de ellas.

Este año me dio la oportunidad de reconectar con la juventud desde otra esfera, y ha sido increíble ver, sentir y observar cómo eso que siempre soñé lograr alcanzar ocurre en cada una de las personas jóvenes maravillosas que he conocido en este caminar. No cabe duda que las nuevas generaciones tienen otro chip, uno bien padre que quiere hacer una diferencia, pero no solo quiere, sino que está moviéndose desde ahora, que nos está llevando a la acción. Me siento eternamente afortunada de seguir dando clases y buscar brindar en mi aula ese espacio seguro, de la misma manera que intento llevarlo a cabo desde mi rol en la institución en el área donde trabajo. Me llena el corazón saber que esa chamba diaria no es chamba, sino que es el amor que le meto a lo que hago y que eso se refleja en estudiantes que aman lo que hacen, que incluyen a todas las personas, que respetan la dignidad humana de TODAS las personas. Es casi mágico trabajar en una universidad con morritxs tan chidxs y el motor principal para saber que mi decisión fue correcta. Transformar a través de la educación es mi forma de contribuir con un mundo en el que quepan muchos mundos.

Finalmente, pero no menos importante, también este año fue la oportunidad para conectar con dos de mis más grandes pasiones: el canto y la escritura. A lo largo de este año participé en una presentación musical en donde pude cantar en un escenario después de diez años. Fue sensacional. Retomé el ukulele que tanto me ayudó en el periodo de confinamiento de la pandemia 2020, y sigo tratando de tener disciplina en este hobby.

Este año también tomé algunos cursos de escritura creativa, en la búsqueda de retomar una propuesta de novela que tengo pendiente. Me sirvió mucho para poder expresar todos los sentimientos que tenía con respecto a volver y estoy segura que, muchos de los ejercicios bien pueden entrar en ese proyecto y otros más serán inspiración para desarrollar otros pasajes de la misma. No sé cuándo sea que termine este proyecto, pero haber tenido estos pequeños pasos en el año son una muestra de un avance para reconectar conmigo.

Así que si, 2022 fue un buen año. No sabía qué esperar de esta nueva etapa. De esta nueva vida. De una nueva latitud. Lo que ocurrió fue muy bueno, y es por ello que agradezco.

Creo que el mayor aprendizaje que 2022 me deja es no esperar nada. Cuando no esperamos, suceden cosas grandiosas. Tal vez por eso no deba esperar que 2023 sea increíble. Solo quiero vivir un día a la vez.

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