Esta semana tuve la oportunidad de asistir a un taller que hablaba sobre el propósito de vida. Con el comienzo de año viene muy bien darse un tiempo para pensar si todo lo que hacemos en el presente nos conduce al lugar en el que queremos estar.
Creo que en mi caso esa pregunta comenzó a tener problemas para responderse cuando estaba finalizando el doctorado. Sentía que ya nada de lo que había planeado hasta ese momento había salido como esperaba y tampoco tenía muy claro el paso siguiente después de esto.
Cuando se acabó esta fase de mi vida fui encontrando distintos espacios en los que podía promover una diferencia desde lo que siempre esperé: la educación. Pero dudaba. Constantemente. A eso se sumaron ciertos momentos en mi trayecto que fueron agregando duda sobre si aquello que había elegido había sido el camino correcto. Si te das un clavado a algunas entradas previas podrás notar esa duda.
Pero como todo, cuando menos lo esperas, en el momento que menos lo esperas y de la forma más random como un taller de propósito de vida que me brindaron como capacitación extra en mi trabajo, descubrí que no se trata de tener claro el camino o punto fijo al que uno quiere llegar. Durante los últimos años de mi vida esto era lo que me preocupaba y quitaba noches de sueño. Se trata en realidad de entender que tu pasión en la vida – la que haces en este momento presente y reflejas en tu chamba, en tus proyectos personales, en las relaciones que generas a diario, en los sueños que vas construyendo en el día a día – es lo que te llevará a ese lugar que podría ser tu visión de aquí a cuarenta años y que igual hoy no se ve claro, pero ahí está.
Entonces, como siempre, no tiene que ver con tener controlado todo. Porque no podemos controlar nada. Pero lo que si podemos es elegir constantemente y diariamente, si el compromiso que hemos elegido para tener la vida que estamos viviendo es la que queremos. Hablo desde el privilegio, claro está. Porque quizás habrá muchas personas que por más que quieran encontrar esos espacios que siempre han soñado, la realidad es que el trabajo que hacen diariamente probablemente no se los permita. No ignoro esto. Pero tampoco ignoro que muchas de las personas que me leen en este espacio es porque – desde el mismo privilegio – quizás si han estado permitiendo que esos sueños o pasiones que hace un tiempo les movían, se hayan ido quedando en el camino.
Nada es perfecto y creo que jamás estamos listos para nada. Así que espero que – como ese taller random fue para mi – esta entrada sea para ti la señal que necesitas para volver a escribir quince minutos al día para publicar tu primera novela; comenzar tu plan maestro para correr tu maratón número uno; generar hábitos más saludables para envejecer sanamente; detenerte un ratito a reflexionar desde tu trabajo cómo estás moviéndote a ese siguiente nivel del videojuego de la vida que quieres alcanzar; buscar programas de posgrado o cursos gratuitos online que te permitan contar con las bases necesarias para empezar otra vez el camino profesional al que siempre te quisiste dedicar; abrir una app de citas o experimentar nuevos hobbies para promoverte posibilidades de conocer a personas nuevas y así cumplir tu propósito de compartir tu proyecto de vida con alguien; o el enunciado que quieras colocar aquí que te permita moverte a aquello que identificas como pasión.
Ojalá también sea la oportunidad para detenerte a pensar si a eso a lo que le dedicas cuarenta horas en promedio de tu vida te hace feliz, y si no es así, ¿qué puedes hacer tú para que si lo seas? ¿qué elementos podrías agregar para que no solo lo disfrutes sino vibres con ello?
Me encantará leer qué piensas sobre lo que te comparto.
Deja un comentario