¿Y si lo tuviéramos todo?

La música es tan mágica que tiene la capacidad de trasladarte a otros lugares. De llevarte a esos espacios en los que fuiste muy feliz, o permitirte disfrutar y evocar aquellos momentos en los que tuviste mucha dicha y esperanza de que las cosas iban a ser maravillosas para ti. Hay un disco que me recuerda mucho a una etapa de mi vida en la que era realmente feliz. El día de ayer, en un juego que tengo que responde a preguntar existenciales, me preguntaron lo siguiente: Si pudiera tenerlo todo, ¿dónde estarías? ¿Con quién estarías? Y ¿Qué estarías haciendo?

Me hizo pensar e la forma en la que todo el tiempo estamos deseando por un siguiente espacio, por un siguiente escenario. Por llegar a una nueva meta, y lo poco que disfrutamos el momento presente por estar considerando que existe otro aspecto que queremos vivir, disfrutar, experimentar. Si soy sincera, el momento en que leí esta pregunta pensé exclusivamente en un período de mi vida, donde vivía con ciertas personas y compartía con ellas, donde disfrutaba mucho del equilibrio que existía en todas mis áreas de bienestar. A veces creo que ese período de mi vida lo idealizo de forma tal que se me olvida todo lo que no había en mi vida en ese momento. Pero en muchas otras ocasiones creo que se trata más bien de lo bien que aprendí a llevar en ese entonces el aquí y el ahora, y que tenía la capacidad de disfrutar tanto lo bueno como lo malo, porque no me quedé con ganas de nada. Hice todo lo que tenía que hacer, me entregué por completo a las miles de actividades que tenía y con las que me comprometí. Busqué por todos los medios tener una agenda repleta de actividades que me trajo a muchas de mis bellas amistades y me hizo encontrar grandes pasiones. Y quizás eso era lo que me mantenía tranquila, contenta, disfrutando el momento presente. A veces también creo que sentía que aprovechaba cada uno de los minutos porque sabía que el tiempo ahí era finito, aunque por un momento pareció que tuve la posibilidad de volverlo eterno.

Así que ayer pensé en ese momento. Pero eso me hizo analizar también todos los elementos maravillosos que tenía el estar en cada uno de los períodos de mi vida previos y posteriores. Todo lo que he disfrutado en el camino. Las dichas, los aprendizajes, las bellas amistades, los corazones rotos, las inmensas alegrías y los momentos memorables en mi libro de hojas amarillas. Esto me dejó pensando que quizás algo que tendría que agregar a mi forma de ver la vida actualmente es el pensar que este tiempo es finito – como en realidad lo es – y que debería estar tratando de aprovechar cada minuto para hacer lo que más quiero hacer.

En ocasiones me parece que este discurso lo tengo súper presente. Sobre todo en momentos después de una crisis. En donde pongo en perspectiva las grandes problemáticas a las que me estoy enfrentando y considero que debo ser más objetiva y observar que por más grave que sea el problema o la situación, la realidad es que nada se compara con el hecho de que mañana dejemos de estar en este mundo, y entonces eso me hace ponerme en perspectiva para disfrutar el presente, o tratar de estar lo más presente posible en el aquí y el ahora.

Pero esa idea poco a poco se va diluyendo, y los nuevos espacios, o el añorar los viejos lugares cala en lo profundo del alma. En mi caso sucede mucho cuando recuerdo lo feliz que fui en otros lugares. Pero es esa misma añoranza la que me llevó a volver. La que me hizo buscar de alguna u otra forma el cómo estar nuevamente en esta latitud del mundo. Y entonces parece que es un ciclo que se cierra. Eso también era lo que reflexionaba después de tener en mi primer pensamiento un momento de mi vida distinto a éste. Que después y a pesar de todo, los caminos me llevaron a este momento, y de alguna o muchas formas, busqué regresar a casa.

¿Seremos los seres humanos capaces de disfrutar el aquí y el ahora de verdad? ¿o estaremos siempre pensando en un siguiente paso que nos lleve a un porvenir maravilloso?

¿Dónde estaría tú si pudieras tenerlo todo?

Deja un comentario