Me ausenté más de dos meses porque tuve que tratar una situación propia que me llevó a quedarme sin palabras. He tenido varios momentos así en mi vida. En el último año y medio se ha presentado con mayor frecuencia.
Cuando me quedo sin palabras, sin ideas para escribir, sin la inspiración suficiente me lleno de angustia. Comienzo a creer que no volverá, que se esfumó para siempre. Los estímulos que usualmente logran el efecto para que tenga algo de lo que hablar, de pronto ya no son suficientes.
Esto me ocurrió hace un par de meses. Mi persona estaba en una especie de instinto de supervivencia, y quizás también, perdiendo energías desde muchos puntos ciegos.
En aquel momento no lo veía. Lo único que había frente a mi era un dolor enorme que embargaba todas las áreas de mi vida. Lágrimas infinitas y en los peores momentos. Quienes me conocen saben perfecto que soy llorona por naturaleza, pero este llanto siempre está enfocado en aquello que me emociona tanto. Para bien.
Aquellos meses, sin embargo, no fueron así. Fueron dolor. De todas las formas posibles.
Dicen que el tiempo tiene hacer su efecto, dicen también que si evitamos enfrentarnos o dar la bienvenida a nuestras emociones y las dejamos de escuchar, se hacen más y más grandes. Así pasó en aquel momento y de un momento a otro tenía frente a mi al torbellino más increíble que me ha tocado sortear.
Ahora, viendo todo con mayor claridad, puedo compartirte algunas cosas en caso de que estés viviendo una situación de este tipo:
Ve todo en perspectiva.
Hace más de una década tuve un profe que nos decía que todo tiene su justa medida y que hay que ver las cosas con perspectiva. Creo que hasta este momento es que me queda un poco más claro. A veces me preocupo de más y soy bastante intensa – nadie que me conozca puede decir que esto es mentira – y eso genera en mi diversos malestares que se reflejan de miles de formas. Cuando pongo las cosas en perspectiva y recuerdo que somos una minúscula parte de este universo y así como hoy estamos mañana podría ser que un meteorito llegue y choque con el planeta, puedo entender entonces que si bien en nuestro día a día tenemos prioridades y aspectos que deben realizarse, el mundo no dejará de girar si algo no resulta como esperábamos. No quiero que malinterpreten esto a quienes me leen con una especie de valemadrismo – súper mal visto en nuestra sociedad capitalista que romantiza la autoexplotación – y esto no implica que dejaré de tomarme en serio las cosas y de actuar con el mismo profesionalismo que he actuado en mi vida entera. Pero quizás si se refiere a que me daré chance de ver las cosas en perspectiva más frecuentemente. Eso implica incluso, poner en el lugar más importante a mi familia.
Ponte en primer lugar siempre.
A este sistema en el que vivimos le encanta que generemos y produzcamos todo el tiempo. Eso significa en muchas ocasiones, que se nos olvide que lo más importante respecto a todo esto es nosotrxs mismxs. Pregunta, si tu no te cuidas, ¿quién? Si tu no procuras tu bienestar, ¿entonces quién? En este rush de las miles de actividades a hacer, los mil pendientes y las mil responsabilidades, en múltiples ocasiones dejamos de ver que necesitamos breaks y momentos para nosotros. Que buscar hacer un tiempo en la agenda para lo que queremos hacer como pasatiempo, para nuestra salud mental, para salir y frecuentar amistades, o para simplemente rascarte la panza un domingo de bajón es necesario para que sigamos dando lo mejor de nosotros en donde sea que estemos. Cuando hice esta evaluación en mi caso me di cuenta que me faltaba un montón de tiempo para mi. Que no estaba priorizando esos espacios. Que necesitaba hacer una reconfiguración del tiempo en mi día a día. Desde lo básico. Cuando me percaté de aquello, me di cuenta que estaba literalmente funcionando con la reserva de gasolina. Por eso todo era más complicado y difícil.
Cuando vives de la reserva de gasolina puedes creer que estás haciendo un esfuerzo sobrehumano, porque lo estás haciendo. Pero no tienes que normalizar esta forma de vida. No es óptimo ni para ti, ni para tus personas queridas o tu entorno. Recuerda que, si no te pones tu en el primer plano, difícilmente alguien más lo hará.
Pide ayuda.
A lo mejor esta situación la has vivido tanto tiempo que consideras que es usual el vivir de esta manera. Quizás te metiste en este loop desde hace tanto tiempo que crees que es lo común. Puede ser que estés tan enganchadx que quizás no notes una diferencia entre tu persona de antes y la que eres ahora. Todxs estamos en constante cambio todo el tiempo. Pero hay algo que seguro cachas: después de todo el esfuerzo, a pesar de todo el trabajo, pareciera como si no encajara algo. Probablemente estás con cansancio todo el tiempo, te agobia pensar en todos los pendientes y chance las mañanas son súper complicadas porque no hay energía para actuar y mucho menos para crear. Quizás no te sientes con inspiración para nuevos proyectos o hay noches de insomnio. Desde ya te cuento que esto no es vida y te invito a que – si estás viviendo una situación de este tipo no dudes en pedir ayuda. Recuerda que las redes de apoyo de tus seres queridxs son esenciales para acompañar procesos donde no estás viviendo bien alguna situación, pero que en todo momento lo más importante es buscar ayuda profesional que pueda apoyarnos a identificar lo que nos sucede y generar planes de acción.
Ante este último punto me gustaría recordarte que no estás solx y que pedir ayuda siempre es la mejor opción.
Habiendo escrito esto, estoy segura que no curo el cáncer, pero si a alguien le cae en el momento adecuado, qué mejor. Finalmente, este es un espacio personal que nutro de mis experiencias y me comparto desde otra esfera.
Un abrazo para ti que lee a la distancia y se enfrenta diariamente a miles de cosas que su entorno ni se imagina.
A ti te digo lo siguiente: te veo, te reconozco y te admiro enormemente.
Deja un comentario