Del cuidado

Traigo un manojo de emociones que quisiera desenredar. He lavado los trastes para tratar de asentar mis sentimientos, mientras escucho el último disco de Elsa y el Mar. Terminé de ver una serie pastelosa – diría una persona muy importante en mi vida – y me quedé pensando en las distintas formas en que las personas dejan una huella en nuestra vida. En la manera en que nos demostramos amor. En que el cuidado es clave dentro de estas expresiones. Luego compartí con mis estudiantes algunos ejemplos de modos de cuidado compañerx, y muchos recuerdos afloraron con respecto a este tema.

Porque cuidar es más que decir te quiero, es querer. Y el cuidado se expresa de distintas formas. Cuidamos acompañando los procesos de nuestrxs seres queridxs, preguntando cómo están las personas, mandando mensajes, llevando comida o llamando a quienes se enferman. Cuidamos dando abrazos reconfortantes en un día difícil, escuchando las buenas noticias de las demás personas y sonriendo. Cuidamos recordando cuál es el postre favorito de una persona y haciéndolo de tarta el día del cumple. Cuidamos invitando a alguien a pasar Navidades con la familia de uno. Cuidamos enviando memes divertidos o tiktoks como una forma de sopesar las distancias. Cuidamos yendo por alguien al aeropuerto cuando viene de visita, o llevándole a los lugares más bonitos de tu ciudad, aunque te sepas de memoria cada uno de esos icónicos lugares. Cuidamos leyendo textos (o revisando cualquier otro producto del estilo – maqueta, ensayo, instalación, etc.) de personas y validando con un ‘está increíble’. Cuidamos escuchando atentamente la historia que tiene que compartirnos la persona en compañía un café, una cerveza o un tecito. Cuidamos haciendo viajes a lugares recónditos y tranquilos para tener tiempo de las preguntas profundas. Cuidamos cuando nos quedamos en llamada hasta altas horas de la madrugada y nos quedamos dormidos del cansancio, pero acompañando a la distancia. Cuidamos cuando enviamos vídeos de canciones que hemos tardado días o semanas preparando para que salgan ‘perfectas’. Cuidamos cuando cocinamos para alguien. Cuidamos cuando encontramos los planes ideales en un fin soleado para aprovechar al máximo los ratos libres. Cuidamos cuando mandamos podcasts propios que narran las últimas tres semanas de nuestras vidas y las personas nos escuchan. Cuidamos cuando reconocemos el dolor de las demás personas y nos quedamos, acompañando en silencio. Cuidamos cuando hacemos fiestas sorpresa para demostrar a las personas lo muy importantes que son para nosotrxs. Cuidamos cuando encontramos una buena obra y nos compramos dos boletos: para esa persona que seguro lo apreciará y para nosotrxs. Cuidamos cuando a pesar de todos los planes en la agenda hacemos un espacio para esa persona que viene solo unas cuantas veces al pueblo. Cuidamos compartiendo canciones, podcasts, programas y series que sabemos le gustarán a la otra persona. Cuidamos dando los buenos días y las buenas noches. Cuidamos haciendo diligencias para que la otra persona tenga ‘tiempo para descansar’. Cuidamos cuando regamos las plantas de nuestrxs vecinxs cuando salen de viaje. Cuidamos preguntando cada que salimos a nuestras amistades si han llegado bien a casa.

Cuidamos de tantas formas y a tantas personas. Lamentablemente, hay mucho qué hacer en este sentido aún. El sistema en el que vivimos nos ha enseñado que el rol de las mujeres en este mundo es el de cuidar y que sólo nosotras sabemos hacerlo, por eso es nuestra responsabilidad. Y esto genera una división del trabajo que invisibiliza lo que las mujeres hacen a diario. Por eso en México el trabajo no remunerado es llevado a cabo por mujeres, quienes triplican la chamba de los hombres de este tipo de trabajo. Mucho de este trabajo es sobre cuidados. Y con ello seguimos perpetuando desigualdades en nuestra sociedad.

Cuando era niña crecí en un hogar donde las tareas de cuidados y de trabajo no remunerado era llevado a cabo por mi mamá y mi papá. En algún momento, el trabajo de cuidarnos fue llevado a cabo solo por mi papá. Para mi era normal que nos hiciera el desayuno, que fuera por nosotras a la escuela, que barriera y limpiara la casa, que me ayudara a hacer mis tareas. Pero eso no era normal en aquel pueblo conservador del que soy. Mi familia y yo éramos raros. Y dentro de toda esa rareza, entendí que los cuidados nos corresponden a todxs y que debemos colectivizarlos. Sólo de ese modo es que podemos hacer un mundo mejor del que vivimos.

Mi papá ha sido uno de los papás más presentes que conozco y mi mamá ha sido una de las mujeres más amorosas que he conocido en mi vida. A mis 33 años, ambos siguen cuidándome de muchas formas como las que he compartido en este texto y no saben lo feliz que he sido de haber sido la rara a mis ocho años. El cuidado que han tenido con cada una de nosotras son la muestra de amor más grande que observo. Y esa misma que me deja saber muchas formas en las que puedo cuidar y querer.

Gracias a todas las personas que me cuidan y me quieren de distintos modos. No puedo enumerarlas a todas y eso me hace sentir eternamente afortunada. Es increíble la cantidad de personas que he encontrado en mi camino y me ha cuidado y por ende, me ha querido. Les quiero infinitamente.

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