Cumpliendo diez meses de estar en territorio mexicano y con muchos pendientes por hacer, me encontré con un evento realizado por uno de los grupos estudiantiles enfocado en la promoción de STEM.
El grupo estudiantil tecstem de preparatoria tomó la iniciativa de llevar a cabo un ciclo de conferencias sobre sostenibilidad y medio ambiente. Para lograr esto se contactó con la sociedad civil organizada y gobierno para impartir una serie de charlas enfocadas en concientizarnos sobre la región de Puebla y los modos en los cuales podemos cambiar las cosas.
El evento que lograron fue de gran calidad. Se preparó todo de acuerdo con estándares que se esperaría para el nivel universitario. Se enviaron invitaciones a todas las personas que consideraron importantes para que esto sucediera. Se generaron espacios específicos para invitar a la comunidad.
Una artista de Puebla montó una exposición sobre especies en peligro de extinción que adornó el lobby del Centro de Convenciones toda la semana pasada, con una serie de obras impresionantes. Para cerrar con broche de oro, la artista nos regaló una obra que creó especialmente para la universidad con el emblema de la uni: un borrego cimarrón.
Con todo este esfuerzo de alta calidad, nos hizo falta mayor audiencia. Las personas que asistieron no se acercaron ni al 10% de la población en preparatoria, sin mencionar a la universidad. Eso me deja pensando en varias cosas que quiero exponer en este escrito.
¿Qué pasa con nuestra escala de prioridades y valores? ¿Cómo hacemos para involucrar a una comunidad estudiantil y volver atractivos estos tipos de espacios? ¿Somos lo suficientemente creativos e innovadores para acercarnos a poblaciones estudiantiles jóvenes?
Creo que gran parte de nuestra responsabilidad como formadores es hacer ver a las nuevas generaciones la importancia que tiene el sumarse a iniciativas sociales. Mucha de mi trayectoria profesional estuvo enfocada en un área social en donde era difícil capturar la atención de nuestrxs estudiantes. Ahí aprendí que la sensibilización juega un proceso clave para que aprendamos de otros temas, para que empaticemos con ciertas causas. Pero ¿cómo hacer un efecto shock en nuestros estudiantes o cómo llegar a ese momento del efecto shock?
Si. Tenemos estudiantes maravillosxs que quieren cambiar las cosas, que quieren lograr hacer de este un mundo mejor. Que sueñan con compartir esta necesidad de movernos hacia la generación de estructuras más horizontales, de promover la creación de espacios que permitan un mundo con menos contaminación, más preocupado por todas las especies que habitan el planeta, con acciones diarias que contrarresten las decisiones políticas de potencias mundiales que siguen llevando la realidad de nuestro mundo a mal puerto. Morritxs con ganas de comerse el mundo.
Cada que les veo me recuerdo a mis escasos quince años haciendo planes con ese grupo maravilloso de grupos estudiantiles. A quienes nos encantaba creer que las cosas podíamos hacerlas diferentes. Que podían ser mejores. Que podíamos construir. Esa misma energía veo en mis estudiantes actuales. En quienes quieren transformar su mundo, y lo hacen con cada una de esas acciones, y seguirán transformándolo hasta donde vean el límite.
La cosa es, ¿cómo le hacemos para desde nuestro rol permitir que todos esos sueños se cumplan? ¿Cómo acompañamos estos procesos de la mejor manera? ¿qué nos falta identificar en esa misma escala de valores a nosotrxs?
Yo creo que, el día que como sociedad entendamos que vivimos en un mundo finito que habitamos como si fuera infinito, podremos poner en perspectiva que somos una minúscula parte de este universo y que todos aquellos temas que nos parecen relevantes al día de hoy, quizás pierdan su importancia cuando nos demos cuenta que nos estamos terminando este planeta.
Tal vez la conferencia de la Cop27 es solo un reflejo de lo que sucede en nuestra realidad diaria. Dicha falta de voluntad política que se ha observado durante los últimos días es solo una muestra de lo que vivimos como sociedad, donde nuestra escala de valores no ha cambiado, donde seguimos sin ver las cosas en perspectiva.
Insisto… ¿cómo nos comprometemos a que esto suceda de modo distinto? ¿cómo asumimos la responsabilidad que como formadores tenemos?
Un pequeño grupo de personas de esta generación están haciendo un llamado a la acción ante esta crisis climática. Estoy segura que, como toda nuestra generación de cristal, existe la sensibilidad y preocupación suficiente ante estas causas. De ahí mis cuestionamientos sobre lo que estoy dejando de ver.
Estoy segura que algo me falta en el mapa. Y precisamente, esa decena de morritxs queriendo cambiar el mundo lo vale tanto que por eso estoy aquí, escribiendo y buscando otras miradas.
¿Cómo nos comprometemos? ¿Es posible coexistir, o quizás es parte de resistir? ¿Cómo le entramos?
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